Diez días que no existieron, y tu carta histórica
Si trabajas con cartas de personajes históricos, con fundaciones de países o con documentos de archivo, esto te ha pasado ya aunque no lo hayas visto.
Qué ocurrió en 1582
El calendario juliano acumulaba un error de unos once minutos al año, que en dieciséis siglos se habían convertido en diez días. La reforma gregoriana los eliminó de golpe: al jueves 4 de octubre de 1582 le siguió el viernes 15.
Nadie perdió diez días de su vida. Lo que cambió fue la etiqueta que le ponemos a cada día, y ahí está el problema para nosotros: la etiqueta es exactamente lo que un programa recibe cuando le escribes una fecha.
Pero no en todas partes el mismo día
La reforma se adoptó a lo largo de tres siglos y medio. España, Portugal e Italia el mismo octubre de 1582; Inglaterra y sus colonias en 1752, con once días ya de diferencia; Rusia en 1918, con trece.
De ahí sale una rareza conocida: la Revolución de Octubre rusa ocurrió, en nuestro calendario, en noviembre. Si levantas la carta de un suceso ruso anterior a 1918 con la fecha que trae el documento, y tu programa aplica la conmutación de 1582, estás calculando el día equivocado por trece días.
Cuánto se mueve una carta
En una fecha de 1500 leída en el calendario que no toca, el Sol se desplaza unos nueve grados. Casi un signo. La Luna se mueve más de cien grados: cuatro signos largos. Y las casas se van enteras, porque el tiempo sidéreo del momento tampoco es el mismo.
No es una carta con un matiz distinto. Es otra carta.
Y el año no siempre empezaba en enero
Hay una segunda trampa, menos conocida y más silenciosa. En buena parte de Europa el año civil comenzaba el 25 de marzo, no el 1 de enero. Una fecha de «febrero de 1650» en un documento inglés es, para nosotros, febrero de 1651.
Los historiadores lo escriben con doble anotación —«1650/51»— precisamente porque el dato solo es ambiguo. Si tu fuente no la trae, esa fecha necesita comprobación antes que cálculo.
La solución no es adivinar mejor: es preguntar
Aquí el calendario se declara junto con la fecha: automático, juliano o gregoriano. Y la respuesta dice cuál se ha usado, para que quede en la carta guardada y no dependa de lo que alguien recordara aquel día.
El modo automático es la conmutación de siempre —juliano antes del 15 de octubre de 1582— y no mueve ningún resultado respecto de antes. Lo que cambia es que ahora se puede decir otra cosa cuando la fuente lo pide, en vez de corregir la fecha a mano y esperar no equivocarse en la cuenta.
Un aviso para quien programe esto
La aritmética de fechas de prácticamente cualquier lenguaje es gregoriana proléptica siempre: proyecta hacia atrás el calendario gregoriano como si hubiera existido desde el año 1. Restarle seis horas a una fecha de octubre de 1582 no conoce los diez días saltados, y el error aparece justo en la conversión de huso horario, que es donde nadie lo busca.
Nuestro rango publicado va del año 1 al 3000, y el techo bajo no lo pone la efeméride —cubre hasta el −3000— sino el tipo de dato de fecha del lenguaje, que no admite años anteriores al 1. Una carta del año 500 antes de nuestra era no es que salga mal: es que no se puede ni escribir.
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