Nueve sistemas de casas, y cómo elegir el tuyo
No hay respuesta correcta, pero sí hay respuestas informadas. Empieza por saber qué es exactamente lo que estás eligiendo.
Lo que NO cambia al cambiar de sistema
Los planetas están donde están: ni el signo ni el grado de un planeta dependen del sistema de casas. Tampoco los aspectos entre planetas. Y el Ascendente y el Medio Cielo tampoco se mueven: son puntos astronómicos, no cúspides calculadas.
Lo que sí cambia es si además son CÚSPIDES. En seis de los nueve lo son —el Ascendente abre la primera y el Medio Cielo la décima— y en tres no. Levantando la misma carta en los nueve, las excepciones salen así:
- Signos enteros: la primera cúspide es el principio del signo del Ascendente, no el Ascendente. En la carta de prueba, 21,9 grados de diferencia.
- Casas iguales: la primera sí es el Ascendente, pero la décima es el Ascendente más 270 grados, así que el Medio Cielo se queda fuera. En esa misma carta, a 1,26 grados de la cúspide; según la latitud puede caer en la novena o en la undécima.
- Morinus: ni la primera es el Ascendente ni la décima es el Medio Cielo. Es el único del que se puede decir eso, y el motivo está más abajo.
Lo que cambia: dónde caen las cúspides intermedias
Todo lo que se mueve son las ocho cúspides que no son los ángulos. Y con ellas, en qué casa cae cada planeta, que es la primera pregunta de casi cualquier lectura.
La magnitud depende de dos cosas. La primera, la latitud: en Madrid los sistemas de cuadrante discrepan poco y en Oslo mucho. Pasado el círculo polar deja de ser una cuestión de gusto: algunos dejan de tener solución y sus cúspides se aplastan o se cruzan, con casas de anchura cero en las que ningún planeta puede caer. No es sólo cosa de los de cuadrante temporal, como suele contarse — barriendo latitud y hora del día, el primero en caer es el topocéntrico a 65,5 grados norte, luego Campano a 66,5, y Placidus, Koch y Regiomontano a 67. Y depende también de la hora: a la altura de Tromsø, Placidus falla en veintiuna de las veinticuatro horas del día, Koch en dieciocho y el topocéntrico en seis.
Lo que aguanta en cualquier latitud son cinco. Tres por construcción, porque no reparten cuadrantes: casas iguales, signos enteros y Morinus. Y dos más que sí son de cuadrante y aun así no se rompen —Porfirio y Alcabitius—, porque reparten arcos que existen siempre: el de eclíptica entre ángulo y ángulo el primero, el semiarco del propio Ascendente el segundo. Si trabajas con cartas del norte de Escandinavia, ésa es la elección que de verdad tienes que hacer, y aquí el programa no te va a dejar equivocarte en silencio: cuando el sistema pedido no da doce casas en ese lugar, no se levanta la carta — se te dice cuáles sí funcionan ahí.
La segunda, dónde estén los planetas: si ninguno anda cerca de una cúspide, puedes cambiar de sistema y no notarlo.
Dos ideas, y un sistema que no encaja en ninguna
Nueve nombres son muchos de recordar. Dos ideas y una excepción, no.
Los de CUADRANTE parten de los ángulos y reparten lo que hay entre ellos. Se diferencian en qué reparten: el tiempo que tarda un grado en recorrer el cielo (Placidus, Topocéntrico y Koch), un círculo del espacio que luego se proyecta sobre la eclíptica (Regiomontano y Campano), o el propio arco de eclíptica entre ángulo y ángulo, que es el más simple de todos (Porfirio). En los seis, el Ascendente es la primera cúspide y el Medio Cielo la décima.
Los de PASO FIJO arrancan de un punto y avanzan treinta grados sin mirar nada más: casas iguales desde el Ascendente, signos enteros desde el principio de su signo. No dependen de la latitud, y ésa es su ventaja escondida.
Y Morinus, que no usa el horizonte en absoluto: reparte el ecuador en arcos iguales a partir del Medio Cielo y los proyecta sobre la eclíptica. Por eso ni el Ascendente ni el Medio Cielo son cúspides suyas — es la tercera excepción de la lista de arriba, y no es un defecto: es lo que su autor quería.
Por qué el que viene puesto aquí es el topocéntrico
Es la elección de la escuela de la que sale este sistema, y tiene un argumento concreto: parte de la posición del observador sobre la superficie terrestre, no del centro de la Tierra. En la práctica se parece mucho a Placidus: levantando la misma carta cada dos horas entre los 35 y los 50 grados de latitud, la mayor diferencia entre sus cúspides es de medio grado.
Se puede cambiar, y el sistema elegido viaja guardado con la carta. Eso importa más de lo que parece: si abres dentro de un año una carta que levantaste con Regiomontano y el programa te la vuelve a pintar con el sistema que tengas hoy por defecto, la lectura que anotaste ya no se corresponde con lo que ves.
La regla que desactiva media discusión
La regla de los cinco grados de Ptolomeo: un planeta que esté dentro de los cinco grados anteriores a una cúspide se lee ya en la casa siguiente. Ocho grados y medio si es una luminaria.
Aplicada, buena parte de los desacuerdos entre sistemas dejan de ser dramáticos: el planeta que Placidus pone al final de la novena y Koch al principio de la décima se estaba leyendo en la décima de todos modos. Si un sistema te cambia una lectura y esta regla no lo resuelve, entonces sí tienes una decisión real que tomar.
Cómo decidir, en la práctica
- Si trabajas dentro de una escuela, usa el suyo. La coherencia con tu formación vale más que la elección teóricamente óptima.
- Si trabajas con cartas de latitudes altas, evita Placidus, Koch, el topocéntrico, Campano y Regiomontano: pasado el círculo polar no es que discrepen, es que no tienen solución. Ahí quedan casas iguales, signos enteros, Morinus, Porfirio y Alcabitius.
- Si haces horaria, mira qué usa la tradición que sigues: ahí el Ascendente es el juicio y la elección pesa más.
- Levanta tres cartas conocidas en dos sistemas y mira si alguna lectura tuya cambia. Si no cambia ninguna, ya tienes la respuesta.
- Elijas el que elijas, decláralo cuando compartas una carta. La mitad de las discusiones sobre una casa son dos sistemas sin nombrar.
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